Europa

Alemania: Tuvo sexo 365 días con 365 hombres distintos y descubrió que necesitaba pareja

Mischa Badasyan es un artista ruso gay de ascendencia armenia, de 26 años de edad, al que le gusta crear performance atípicas que suelen escandalizar a la sociedad. Lo que se dice crear arte con trasfondo social. Desde los 14 años está implicado en organizaciones para la defensa de los derechos de gays y lesbianas. Nació en Rostov, allí estudió Ciencias Políticas, se mudó a Alemania en 2008 y continuó con su activismo. Tiene claro que solo volvería a Rusia si su Gobierno aprobase el matrimonio homosexual. Algo que, visto lo visto, es lo mismo que decir: ‘No voy a regresar’.

‘Libertad, sexualidad o soledad’, son los tres adjetivos con los cuales Mischa Badasyan resumen su experiencia con estos 365 hombres, el decidió poner a prueba la capacidad del sexo de interferir en la felicidad de las personas. El objetivo era medir hasta qué punto es capaz el acto sexual de hacer desaparecer la necesidad de afecto. Para lograr una conclusión fiable, decidió acostarse con un hombre al día durante todo un año. Es decir, 365 parejas en 365 días. El resultado del experimento, al que ha denominado «Save the date», ha hecho patente la importancia del amor en los seres humanos.

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De esta forma, Badasyan ha querido poner en entredicho la utilidad de las citas cibernéticas, en las que dos individuos totalmente desconocidos entre sí se encuentran para mantener relaciones. Una práctica que, en los últimos años, ha sufrido una gran expansión gracias a la proliferación de aplicaciones móviles como Tinder o Happn.

Los lugares elegidos para estos encuentros eran, en palabras del propio artista, los «non-places» –«no lugares»–, término utilizado por el antropólogo Marc Augé para referirse a aquellos sitios en los que las personas se convierten en seres totalmente anónimos. Así, espacios como supermercados, tiendas o aeropuertos fueron utilizados para realizar el proyecto «Save the date».

Una vez finalizado el estudio, Badasyan descubrió que, lejos de proporcionarle mayor bienestar, dichos encuentros se convirtieron en un procedimiento ordinario que le provocaron un importante vacío sentimental: «Descubrí algo totalmente nuevo para mí –señaló a su portal web oficial–. Por primera vez en mi vida, lloré después de tener sexo. Era muy doloroso y diferente de todo lo que había experimentado antes».

Para él, «Save the date» fue un acto de «autoviolación» que lo convirtió en una máquina: «Solo quería alcanzar mi meta diaria, y me convertí en un zombi que no se preocupa por el sentimiento de los demás». Finalmente, se encontró con que, pese a haber estado con centenares de hombres, se sentía más aislado que nunca: «365 días de soledad con 365 personas».

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